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Carlitos y Graciela

Por Fernando BorroniFragmento del libro «La inquisición Neoliberal»5 min de lectura

Carlos Tevez, el 10 de Boca Juniors y Graciela Fernández Meijide, la ex funcionaria de la Alianza, son el más doloroso paradigma de esto.

El futbolista boquense no ha perdido una sola oportunidad de halagar a Mauricio Macri, siempre se ha mostrado agradecido a su persona por los favores futbolísticos y económicos que este le facilitó. Cuando a principio del 2018 las hinchadas del futbol argentino cantaban con entusiasmado fervor, lo que se dio a conocer como el hit del verano (MMLPQTP) y cuando el descontento con el presidente era inocultable, Carlitos salió a trabar la pelota para darle el pase a Mauricio. Invirtiendo la carga de la prueba sentenció: “Hay un nivel de agresividad hacia Mauricio muy grande. Macri está buscando encaminar el país”. Nunca esconde su afecto por el presidente y no duda en salir en su defensa en cuanto oportunidad se le ofrezca.

Graciela Fernández Meijide por su parte, cuando se dio a conocer la noticia de que el genocida Alfredo Astiz tenía grandes posibilidades de obtener el beneficio de la prisión domiciliaria, no se demoró ni 24 hs. en salir a respaldar al “ángel rubio”.

 “A Astiz deberían darle prisión domiciliaria con pulsera electrónica, que pueda atenderse y estar cuidado por la gente que designe él o su familia”

Increíble, una madre de un joven desaparecido y asesinado por la dictadura, reclamando por sus asesinos.

¿Qué tienen en común Tevez y Meijide? Que ambos terminaron siendo abogados defensores de los responsables de que una parte de su vida haya sido tan dolorosa, de la ausencia inexplicable, de la falta de derechos.

“El Apache” tuvo una infancia marginal en el barrio Ejercito de los Andes, Ciudadela, Provincia. de Bs As conocido popularmente como Fuerte Apache (de allí su apodo) donde paso hambre, frío y todo tipo de necesidades. Donde cada noche al escuchar los disparos que venían de afuera, a causa de alguna trifulca, temblaba de miedo.  Muchos de sus amigos continúan viviendo en esa situación de marginalidad y miedo.

Pero hoy, en este presente millonario, gracias a las cifras inmorales que paga el fútbol mundial aplaude a quien desde sus políticas genera uno, dos y tres Fuerte Apache.

Carlos Tevez tomó el discurso de su opresor y lo hizo propio. Paso de ser “el jugador del pueblo” como lo supieron vivar las hinchadas del barrio y el tablón, al “jugador del CEO” como alguna vez sintetizó con exactitud el brillante colega, Sergio Altieri.

Pareciese que el barro de los botines se les secó bastante rápido y como ahora brillan por las luces de los flashes le cuesta recordar de donde viene.

Fernández Meijide recorrió el mismo camino. Reclamó por un asesino, lo que este le negó a su hijo, Pablo Enrique Fernández Meijide militante de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) quien fuera secuestrado en la madrugada del 23 de octubre de 1976, cuando solo tenía 17 años.  Y no pidió por cualquiera de ellos, sino por uno de los más emblemáticos, el mismísimo Astiz que se infiltró entre las madres para ganar su confianza y cariño, para luego secuestrar, torturar y asesinar a sus hijos. El mismo que durante sus testimonios en los juicios por la verdad reivindicó el terrorismo de Estado en toda su dimensión, las desapariciones y hasta el robo de bebes. El más monstruoso de entre los monstruos recibía de la madre de un desaparecido el pedido de “comprensión y respeto”

No extraña de la ex funcionaria, si recordamos que en agosto del 2016 ya había pedido que se le reduzcan las penas a los represores que colaborasen con la justicia. En más de una oportunidad había criticado la política de derechos humanos del kirchnerismo.

Si alguien necesitas una prueba de cómo el poder puede perforar la construcción de sentido de cada uno de nosotros, hasta el punto de convertir a un despreciado por ese poder y a una madre de un asesinado por ese mismo poder, en dos de sus mejores soldados; miren a Carlos y Graciela.

En algún punto son también víctimas, que no se bancan asumirse como tales, entonces prefieren transformarse en victimarios.

Sus palabras no pasan desapercibidas. Las del habilidoso futbolista le dan aire a una política que viene por más y más pobres, pero distintos a él, porque el modelo no quiere que el pobre salga de pobre. Tevez es una excepción.

Y los dichos de la ex ministra delaruista, legítima la impunidad y le echa leña al fuego represor e inquisidor de este gobierno.

¿Cómo se puede saltar de un lado al otro, ya no solo de lo que habitualmente llamamos grieta, sino de una herida tan profunda a partir de su propia vivencia?

¿En qué momento dejas de ser vos y tu historia, para ser un triste emisario de los intereses de tu verdugo?

No dudo de que el 10 no olvidó lo que es tener hambre y que Meijide tampoco lo hizo con su hijo. Lo que sí podemos expresar, con profunda desazón, que ambos se han olvidado de que existen otros, que hoy, ahora, en este instante, siguen sufriendo lo que ellos han sufrido, y que no les perturba, porque de hacerlo no saldrían a decir lo que dicen.

Quizás se sobrevalora a la maldad y subestimamos la estupidez, y en verdad estamos más llenos de estúpidos que de malos, y este es un caso. No lo sé.

Lo que sí sé es que de este lado de la grieta se va a seguir haciendo política para que los que viven en Fuerte Apache pueden gozar de todos y cada uno de los derechos que les han sido arrebatados. Como así también se seguirá reclamando y luchando por juicio y castigo a los culpables, también, de la desaparición seguida de muerte de Pablo Enrique Fernández Meijide. ¿Por qué?

Porque a muchos no nos da la gana olvidar, no nos da la gana perdonar, no nos da la gana reconciliarnos. Y no por antojadizos, sino porque somos parte de un pueblo empecinado en transitar el camino de la memoria, la verdad y la justicia y sobre todo porque jamás seremos la bala con el que enemigo le dispare a nuestros compatriotas

De esta manera también trabaja el poder, reclutando a los propios para hacerlos de los suyos.

Fernando Borroni