«La historia la eligio a usted»
Uno debería comenzar este editorial agradeciéndole a la vida el ser contemporáneo a un liderazgo como el de Cristina Fernández de Kirchner.
Lo que hizo ayer Cristina frente al tribunal que la juzga por supuestos hechos de corrupción con la obra pública, no fue otra cosa que demostrarnos, una vez más, que el coraje es un valor político. Y qué decir las cosas como son, en un país en donde se tiene el terror permanente al decir, por miedo al qué dirán, por miedo a los panelistas de tv, por miedo a la tapa de los diarios, por miedo, por miedo, por miedo… Cristina lo dijo casi todo, por no decir todo. Y enseñó que nada puede hacerse de la mano del miedo y que nada puede hacerse sin el coraje adecuado, en el momento adecuado.
Cristina ayer los desarmó a todos y a cada uno con nombre y apellido. Y en su defensa desnudó al poder real en la Argentina y a los medios y su manipulación y su tortura mental sobre el pensar, esa enorme maquinaria de cosificación y de idiotización que significan los medios, sobre todo Clarín y La Nación. A la justicia, el ejército inquisidor del capital concentrado, que encarcela, que persigue, que encierra, que vulnera la democracia. Y al poder político que no es otra cosa que la vieja clase oligárquica que defiende el interés de los poderes concentrados.
Si alguien quiere ver cómo funciona el poder dominante, el modelo, tiene que escuchar a Cristina, porque lo que han hecho con ella en términos judicial, es el mecanismo idéntico de cómo aplican lo económico, lo social, lo cultural a cada uno de nosotros. Los medios estigmatizan y persiguen a las víctimas del modelo, la justicia encarcela a las víctimas del modelo, por eso las cárceles están llena de pobres y el poder político los saquea por tanto los transforma en víctimas. El mismo modus operandis…
Pero quiero quedarme con la frase con la que Cristina cerró su descargo:” La historia ya me absolvió” Y sí. No hay dudas. Fidel Castro fue quien pronunció esta frase haya por el 16 de octubre de 1953 cuando fue condenado a 15 años de prisión por el régimen de Batista por el asalto al Cuartel Moncada en Cuba.
Y no hay dudas la historia absolvió a Fidel Castro, sólo un necio puede negarlo. Y no hay dudas que la historia absolvió a Cristina Kirchner. Pero preguntémonos qué historia la absolvió. Porque no hay una sola historia. La absolvió la historia que escriben los pueblos. Porque la historia que escriben los dueños de la pluma, de la tinta y la palabra, esa historia está escrita con la sangre de los más débiles, sangre que hicieron correr para robarles la pluma, la tinta y la palabra.
Ellos podrán escribir la historia que se estudia en algunas instituciones educativas de cierto prestigio, la historia que se lee en los museos, pero jamás podrán escribir la historia que recorre las esquinas de las barriadas, porque no podrán escribir la historia del trabajador, del obrero, de los niños, esa historia ya la escribió el peronismo y el kirchnerismo como parte de él la reinscribió. Y no la han podido tachar.
Jamás podrán escribir la historia que se garabatea día a día en la casas humildes, laburantes… Ya no podrán escribir ninguna historia que borre, que censure lo que significó el peronismo. ¿O alguien cree que podrán tapar la historia de Fidel y Cuba, la de Chávez y Venezuela, o la de Evo y Bolivia, Lula y Brasil?
Es que nos disputamos, desde que el mundo es mundo, que historia se impone, no quien la escribe. La escribimos todos, pero la lucha es por la visibilidad de la que nos damos a construir. No les alcanza el odio para detener esta, nuestra historia que ayer inscribió una de sus grandes páginas.
Cristina Fernández de Kirchner y su pueblo en ella, les dio una paliza en términos jurídicos, en términos humanos, en términos históricos, en términos sociológicos, en términos culturales, en términos de relaciones de poder, en términos comunicacionales, en términos de poner en discusión lo que llama verdad y lo que es mentira.
¿Y las formas? ¿En serio qué le piden formas? Les aseguro que fue demasiado ubicada, demasiado respetuosa, demasiado serena en decir lo que dijo sentada frente a ese tribunal que hizo que hoy Florencia Kirchner, su hija, esté luchando contra una enfermedad generada por su odio. Agradezcan que las formas de Cristina no sean directamente proporcionales a las formas de sus verdugos. Esos sí hubiese sido trágico.
Y al mismo tiempo creo que es injusto decir que a Cristina la historia la absolvió. Nuestra historia, la que escriben los pueblos. Es que este pueblo no tiene de que perdonarla Cristina, este pueblo no tiene que absolverla de nada Cristina. Todo lo contrario. Si este pueblo tuvo voz, si este pueblo tuvo presencia política, si este pueblo tuvo vida es porque existió una mujer como Cristina Kirchner.
La acusaron de chorra, la acusaron de asesina, acusaron a sus hijos, enfermaron a sus hijos. Disfrutaron de la muerte de su compañero. La quisieron presa, la acusaron de terrorista, le gritaron yegua y le gritaron puta. La trataron de loca, la querían apedreada en cuanta plaza pública se preste, le montaron grandes muñecos con su cuerpo, con su rostro y la ahorcaron el pleno obelisco. La dieron por muerta, le desearon el desprecio, la empujaron al olvido. Y ahí estaba ayer; erguida, afónica, vehemente, firme defendiéndose, defendiendo a su hija ¡carajo!, y a su compañero y a todo un pueblo que supo dignificar cuando fue gobierno.
Ayer Cristina aseguró: “este tribunal seguramente tiene la condena escrita. No me interesa. Yo elijo la historia…Y ahí permítame disentir Cristina. Usted no eligió la historia. La historia de los pueblos que se quieren libres y dignos la eligió a usted.

