Populismo
… en América Latina el populismo tiene otro significado;
allí significa el protagonismo de los pueblos.
Papa Francisco
Hace ya tiempo que el gobierno encontró una palabra con la que intenta excusarse para echar por tierra todos los derechos conseguidos en los doce años de kirchnerismo. Desde la boca de distintos funcionaros del régimen se viene alertando acerca de la urgencia en salir del populismo, palabra con la que buscan estigmatizar al gobierno anterior.
No existe una definición unívoca para explicar qué es el populismo. Sí existen interpretaciones y algún relato, que construyó por repetición la derecha conservadora y neoliberal, que busca arrinconar con ese término a los gobiernos populares.
Una expresión que cargaron de cierta negatividad y que lograron que sea despreciada por cuanto ciudadano a pie se cruce, de esos con más ganas de salir opinando en la tele que de buscar los conceptos de las palabras.
Preguntémonos entonces: ¿de qué hablan cuando hablan de populismo?
Algunos insisten en que designa una forma determinada de gobernar, ejecutada por liderazgos autoritarios, preponderantes, quienes gobiernan rodeados de militantes rentados para rendirles culto, etc.
¿Pero en verdad a esto se refieren cuando acusan de populista a alguien o a alguna gestión? No.
Cuando hablan de populismo no se refieren sólo a las formas, que por cierto pueden ser variopintas, sino precisamente al fondo.
Cuando ellos mencionan el populismo lo hacen para señalar a hombres y mujeres con un alto poder de conducción, con carismas elogiables, que son escuchados, respetados y puestos en valor por su pueblo. Hablan de proyectos políticos inclusivos que contienen y amplían derechos para las grandes mayorías. Hablan de la cualidad de poder vincular mediante el diálogo a quienes gobiernan y a la sociedad que integran, de cierta complicidad y de un lazo sustentado no sólo en lo verbal sino, y por sobre todo, en la construcción política concreta.
La derecha que critica al populismo, a los gobiernos populares, rotula a sus programas sociales como clientelismo. Es interesante detenerse en este ejemplo porque aquí se ilumina la diferencia de fondo entre los gobiernos de profundas raíces neoliberales y los populares. Utilizan una palabra propia del lenguaje del mercado (cliente) para nombrar lo que en verdad no es más que un hombre o una mujer en pleno ejercicio de un derecho. Ya sea porque la medida en sí misma se constituye como tal o porque, ante la ausencia de éste, el Estado se asume en falta y genera “paliativos” que lleven a su construcción definitiva.
Cuando nosotros queremos definir al populismo, según la mirada de esta derecha retardataria (como toda derecha), debemos preguntarnos frente a que lo confrontan. Porque lo que nos diferencia es también parte de lo que somos unos y otros.
Lo que confrontan son miradas sobre la estructura social, la equidad frente a las posibilidades, el ascenso social, el hombre y la mujer como parte indispensable de una construcción colectiva. Llaman populismo a todo lo que se contraponga a las lógicas del libre mercado, ni más ni menos. El mercado reivindica al sujeto “individuo” meritocrático y consumidor. Frente a ello, los gobiernos populares recuperan la centralidad de un sujeto colectivo que construye derechos. Éste es uno de los surcos que divide aguas.
En el reino del mercado “se es en la media en que se tiene”. Cuanta mayor capacidad de consumo se posea, mayor será el acceso al universo de derechos. Esa posibilidad te la otorga el capital contante y sonante. Sin embargo, en las construcciones populares “se es uno, en la medida en que exista un somos nosotros”. Esta segunda mirada se establece en torno a la ampliación de derechos y por el ejercicio de éstos.
El capital más importante en el campo popular es el trabajo, ordenador social por excelencia. En el mercado se “gana” y se crece por mérito propio bajo la convicción que no todos debemos tener acceso a todo. En cambio, de este lado del mostrador se “gana” como resultado de políticas de Estado inclusivas. Desde el neoliberalismo se desprecia lo que incluye, lo que equipara, lo que iguala y a todo eso lo llaman populismo.
Si acordamos con este análisis habrá, entonces, que reivindicar al populismo. Porque es una posición ideológica, una mirada, una política de gobierno que se vincula directamente con los pueblos porque se sabe parte de ellos. Es lógico que, desde sus prismas, los neoliberales desprecien toda exacerbación de lo popular, que hostiguen el empoderamiento como un ejercicio cotidiano. Tampoco llama la atención que les quite el sueño ser testigos de cómo todo un pueblo marcha a paso firme hacia la construcción de más y nuevos derechos. Y si ese rumbo tiene organización y conducción mucho peor aún.
En nuestra historia, fue la derecha enquistada en los medios de comunicación y en muchas instituciones educativas la que secuestró nuestro lenguaje para redactar uno propio. Repudiar ese lenguaje y sus connotaciones es parte también de la batalla por el sentido.

