Volvieron
Volvieron y la Argentina cambió. Volvieron y retrocedimos por lo menos 60 años en nuestra historia.
Volvieron para endeudarnos y hacer negocio con ello, a costa del hambre de nuestros pibes; porque es el hambre la llanura en donde reposa el neoliberalismo.
Volvieron para instalar un nuevo orden civilizador que acalle definitivamente a la barbarie.
Algo más de dos años siendo gobernados por cínicos autoritarios, perversos, corruptos y mentirosos.
De eso trata este libro…
De los días en que vimos a los “propios” dejar de serlo para recordarnos que la historia también la escriben los traidores, y que este presente tiene de su pluma.
Volvieron para desaparecer a la política, como en algún tiempo desaparecieron a sus militantes.
Por eso estigmatizan, persiguen, prohíben y encarcelan. Por eso los CEO apoyan sus traseros sobre nuestros derechos, mientras algunos dirigentes autodenominados “de oposición” apoyan los suyos frente a sus notebooks y desde allí aseguran estar dando la “batalla final”.
De esto también, habla este libro…
Del testimonio de ver como los que siempre tuvieron más, engordan tanto más y de cómo reciben los aplausos de quienes cada vez tienen menos.
Volvieron para extirparnos, con espasmódico dolor, aquellos derechos que parimos con tanto esfuerzo y felicidad. Regresaron para transferir nuestros recursos a sus empresas. Millones y millones de dólares que sacan de nuestras vidas cotidianas, para extrapolarlas a sus paraísos fiscales.
De esto también dan cuenta estas páginas…
Volvieron de la mano del único poder perpetuo en la Argentina, el monopolio Clarín y sus bufones, que nos empujan como lo han hecho a lo largo de su historia, hacia un mundo donde el infierno sabe acogedor, y el cielo es presidido por el demonio.
Trajeron consigo la censura, el apriete, el silencio impuesto, la manipulación y la distracción como herramienta para atontar e intimidar a toda una sociedad.
De derrotar esa censura se trata, y de recuperar la palabra que agoniza ante tanta vejación.
Volvieron para reprimirnos…la libertad, los derechos, las oportunidades, las expresiones, los colores, las formas, las reacciones y a nuestro cuerpo. Y de paso a matarnos por la espalda.
De estas broncas es la tinta que aquí se inscribe…
De las de nuestra niñez que sigo soñando con salir de pobres mientras le roban su mejor herramienta; la educación.
De la de nuestros jóvenes que, a los tropiezos, entre el desempleo y la incertidumbre cargan la cruz de la estigmatización.
De la de nuestros adultos que se aferran a las persianas de las fábricas para que no caigan para siempre.
De la de nuestros jubilados por una vida sin remedios, con salarios de hambre, contando los días…
¿Para qué de las palabras que con profunda convicción aquí se guardan?
Para que la meritocracia no enferme nuestro ser y para que este le gane la batalla al parecer. Para que el individualismo no nos haga olvidar que en lo colectivo está la clave y la belleza, y así darle forma, definitivamente, a la batalla de fondo: la cultural.
Y para resistir frente a este país viejo que hoy somos y volver a ese país nuevo que fuimos.
Porque los pueblos siempre vuelven, más temprano que tarde…
En estas páginas hay un manojo de ideas que no se agotan en sí mismas. Algunas dichas desde un micrófono, otras acunadas en las reflexiones colectivas con las que uno se ha formado. Ninguna de ellas buscan constituirse como verdades absolutas, todo lo contrario, esconden en su latido la más honesta intención de ser la punta de un ovillo del cual tirar para hallar más y más voces. Todas han sido escritas desde la profunda convicción que de sentirnos identificados con ellas pueden ser la punta de una lanza que hiera de muerte a este modelo de hambre y explotación.
Ojalá se cumpla el único objetivo que este libro tiene, el de ser un grito en medio de tanto silencio impuesto…

